CHRONICLE

EN LOS LÍMITES DE LA REALIDAD

Chronicle

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CHRONICLE
Título Original:
Chronicle. Año: 2012. Nacionalidad: USA-Reino Unido. Producción: Davis Entertainment, Adam Schroeder Productions, Film Afrika Worldwide, para Twentieth Century Fox. Director: Josh Trank. Productores: John Davis y Adam Schroeder. Guión: Max Landis, sobre una historia de Max Landis y Josh Trank. Director de Fotografía: Matthew Jensen, en color FotoKem. Supervisora Musical: Andrea von Foerster. Música Adicional: Lior Ron. Montaje: Elliot Greenberg. Diseño de Producción: Stephen Altman. Dirección Artística: Patrick O’Connor. Decorados: Fred Du Preez. Vestuario: Dianna Cilliers. Diseño de Sonido: Tim Walston. Sonido: Joe Barnett, Tony Lamberti, Conrad Kuhne, en Datasat Digital Sound y Dolby Stereo. Ratio de Aspecto de Proyección: 1.85:1. Duración: 84 minutos. Presupuesto: 12.000.000 $. Recaudación mundial (actualizada a 5 de marzo de 2012): 104.965.155 $. Estreno en Reino Unido: miércoles 1 de febrero de 2012. Estreno en USA: viernes 3 de febrero de 2012. Estreno en España: viernes 2 de marzo de 2012. Distribución en España: Hispano Foxfilm S.A.E. Calificación por Edades en USA: PG-13. Calificación por Edades en España: No recomendada para menores de 16 años. Reparto: Dane Dehaan (Andrew Detmer), Alex Russell (Matt Garetty), Michael B. Jordan (Steve Montgomery), Michael Kelly (Richard Detmer), Ashley Hinshaw (Casey Letter), Bo Petersen (Karen Detmer), Anna Wood (Monica), Rudi Malcolm (Wayne), Luke Tyler (Sean), Crystal-Donna Roberts (Samantha), Adrian Collins (Costly), Grant Powell (Howard), Armand Aucamp (Austin), Nicole Bailey (Cala).

Calificación: ★★★

El mundo post 11-S está teñido de un gris oscuro que empaña casi todo, y el cine no es ninguna excepción. La crisis económica no ha hecho más que transformar ese pesimismo existencial, ese gris oscuro, directamente en un negro absoluto. Sin esperanza, sin futuro, posiblemente el género cinematográfico que mejor ha sabido, hasta el momento, reflejar esta desesperación vital sea el de los súper héroes. En este sentido, el cambio iniciado tímidamente por Sam Raimi en la extraordinaria Spider-Man 2 (Spider-Man 2, 2004), y consumado ya sin titubeos por Christopher Nolan en su Batman Begins (Batman Begins, 2005) es ya, en 2012, una realidad indiscutible que ha llevado al género hacia un nuevo y más interesante estadio. Aunque la marcha atrás a un terreno más kitsch funciona todavía (cfr. Capitán América: El Primer Vengador (Captain America: The First Avenger, 2011, Joe Johnston), el oscurecimiento de los signos vitales de los súper héroes se ha contagiado, no sólo a la cinta de Nolan y su secuela directa, El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008, Christopher Nolan), sino igualmente a otras propuestas que, sin llegar al lirismo ni al desarrollo de conflictos existencialistas desplegados en las películas de Nolan y Raimi, sí que han vertebrado su discurso sobre un aprovechamiento de las partes más oscuras de los personajes. Así pues, el nuevo Thor (Thor, 2011, Kenneth Branagh) es un ser atormentado por la culpa y engañado por su propia familia, y el Tony Stark tanto de Iron Man (Iron Man, 2008, Jon Favreau) como de su secuela de 2010, es un capullo integral con serios problemas de egocentrismo, por mucho que un autoindulgente Robert Downey, Jr. se empeñe en enterrar la psique del personaje bajo su particular y ya ciertamente cansino one-man show.

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Es divertido tener super poderes…

Todo esto viene a cuento porque Chronicle no deja de ser la evolución más o menos lógica dentro de un género que parece condenado ya a dejar atrás su inocencia. Este nuevo paso cristaliza por la vía de la hibridación con otro género, el del found footage, consiguiendo, pues, apuntar hacia unos referentes que ya no son solo los arriba citados, sino que se deben rastrear en propuestas similares, la más evidente (y apetecible) de todas Monstruoso (Cloverfield, 2008, Matt Reeves), cinta con la que comparte un hallazgo fenomenal: mostrar la irrupción de lo fantástico en un formato, el del vídeo casero, en el que supuestamente no pueden ocurrir cosas fantásticas.

En tanto que cruce de caminos, Chronicles juega al despiste durante sus primeros compases, revelando ya de entrada su condición de found footage en lo que aparenta ser el vídeo-diario de unos adolescentes estadounidenses sin nada que destacar. Uno de ellos, Andrew, tiene una madre que se muere y un padre alcohólico, y arrastra en consecuencia un complejo de inferioridad que le convierte en objeto constante de burlas entre los matones del instituto. Otro, Steve, es un líder popular en la comunidad de alumnos, y el tercero es Matt, el primo de Andrew. Pronto este vídeo-diario registra un hecho excepcional: los tres amigos descubriendo un extraño agujero en el campo y, en su interior, un no menos extraño objeto luminoso que acaba causándoles trastornos físicos como el sangrado por la nariz. A partir de aquí, y de manera natural, la película, aprovechando el formato found footage, evita engorrosas explicaciones acerca de cómo estos tres chavales descubren que la incursión en el agujero les ha dotado de súper poderes, y pasa a mostrárnoslos directamente probando sus nuevas facultades, deteniendo en el aire una pelota de beisbol o volando por encima de las nubes. Aquí es necesario apuntar uno de los grandes hallazgos de Chronicle, y es que, fiel al realismo y al naturalismo que la hace tan original, también se nos muestra, en un pequeño avance de lo que vendrá después, lo que estos tres adolescentes hacen con sus poderes adquiridos, que es probablemente lo que haría cualquier chaval del planeta en esa situación: divertirse. Le mueven el coche a una señora en el parking de un supermercado para que luego le cueste encontrarlo, o mueven objetos de las estanterías para asustar a una niña.

Chronicle

… pero la fiesta puede desmadrarse…

Es precisamente esta sumisión a un código realista el que encauza el relato hacia la obra maestra que acaba siendo. “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Esta frase, pronunciada por el tío Ben en la primera historieta de Spider-Man en 1963, nunca antes había sido desarrollada de esta manera. La película se adentra, en su segunda mitad, en un reverso tenebroso característico, eso no es novedoso, de este cine post-apocalíptico surgido de las cenizas del World Trade Center del que hablábamos al principio. Pero, y esto sí que es una novedad, el descenso a los infiernos del súper héroe se ejecuta atado a unas normas no fantásticas, a una supuesta veracidad, que acaba justificando plenamente el uso (a priori aburrido, pues ya son muchas y muy malas las películas que se aprovechan) del found footage. Que (casi) todo lo que nos muestra Chronicle sean grabaciones de vídeo de los protagonistas, otorga a un relato en principio fantástico una capa de credibilidad realista ausente por lo general en las películas de súper héroes. Lejos de la megalomanía de las aproximaciones de Nolan al hombre murciélago, o del torbellino de acción de las de Raimi a Spiderman, el hasta ahora desconocido Josh Trank, con la complicidad del guionista Max Landis (sí, hijo de quien estáis pensando), utiliza el formato fingidamente doméstico de las imágenes para, implícita y sutilmente, subrayar la idea de que esto es lo que en realidad ocurriría si un adolescente tuviera súper poderes. Nada de salvar el mundo, nada de grandes desafíos hipermetabolizados.

Este anclaje al suelo permite a la película exponer con inesperada crudeza cómo algo tan “maravilloso” como tener la habilidad de volar o de desplazar objetos con la mente, acaba convirtiéndose en un problema cuando se pierde el autocontrol. Un problema que, y aquí está, señores, el gran ardid de Chronicle, engendra en uno de los personajes unos sentimientos totalmente opuestos a los que debería de tener un súper héroe. Esta progresión de carácter, muy bien explicada, acaba sublimando en unos devastadores, brutales, absolutamente alucinantes últimos 15 minutos de película, que es donde se nos muestra el as que se escondía en la manga: todo ha sido un simple trayecto para mostrar que un súper villano no es otra cosa que uno de los dos lados de una moneda en cuyo reverso está el súper héroe. Lección aprendida.

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… y acabar muy pero que muy mal.

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