THE RAID: REDEMPTION

LA MUERTE POR IMPLOSIÓN DEL GÉNERO DE ACCIÓN

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The Raid: Redemption

THE RAID: REDEMPTION
Título Original: Serbuan Maut. Título en la Versión Internacional: The Raid: Redemption. Año: 2011. Nacionalidad: Indonesia-USA. Producción: PT. Merantau Films, en asociación con XYZ Films y Celluloid Nightmares. Director: Gareth Evans. Productor: Ario Sagantoro. Guión: Gareth Evans. Director de Fotografía: Matt Flannery, en Color. Música en la Versión Original: Fajar Yuskemal y Aria Prayogi. Música en la Versión Internacional: Mike Shinoda y Joseph Trapanese. Montaje: Gareth Evans. Ratio de Aspecto de Proyección: 1.85:1. Duración: 101 minutos. Estreno en USA: 23 de marzo de 2012. Estreno en Indonesia: 24 de julio de 2012 [1]. Reparto: Iko Uwais (Rama), Doni Alamsyah (Andi), Ananda George (Ari), Ray Sahetapy (Tama), Verdi Solaiman (Budi), Joe Taslim (Jaka), Yayan Ruhian (Mad Dog).

Calificación: ★★★

Tal y como yo lo veo, hay un problema de fondo para aproximarse a The Raid: Redemption (Serbuan Maut/The Raid: Redemption, 2011, Gareth Evans) desde una perspectiva puramente analítica. No es que sea imposible, al fin y al cabo es una película, pero es que el ensordecedor muro de violencia que despliega durante sus 101 minutos de duración reduce las posibilidades de un acercamiento crítico que, en todo caso, sería como acercarse a un fuego vivo e intentar explicarlo. ¿Cómo se pueden extraer argumentos y opiniones cinematográficas cuando (casi) todo lo que tenemos es un recital de disparos y peleas y hostias? Cuando acaba la proyección de esta película es francamente difícil emitir un juicio racional. Es tan intensa la descarga de adrenalina, tan over the top la descripción de la violencia, y sobre todo, esta violencia es tan omnipresente, tan continuada a lo largo y ancho del metraje, que la respuesta como espectador ha de ser, a la fuerza, más emotiva que mental.

El argumento, pues, puede resumirse en un par de líneas sin peligro de que haya pérdida de matices: un grupo de unos cuantos SWAT en la capital de Indonesia, Yakarta, ha de penetrar en un edificio con el fin de capturar al líder de una peligrosa banda de asesinos. Ahí está todo lo que merece ser explicado, puesto que el punto de partida actúa sencillamente como mera catapulta para lanzar sobre el espectador una lluvia de escenas de acción. Un auténtico diluvio, para ser más exacto. Los SWAT entran en el edificio por la calle y han de ir subiendo, piso a piso, encontrándose en cada nivel con la previsible horda de criminales dispuestos a barrarles el paso. El conflicto, claro, se resuelve con balas, con cuchillos, y con puños.

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Violencia muy gráfica

Pocas veces en una película ha estado más claro que su estructura tiene menos que ver con el lenguaje cinematográfico que con el de los video-juegos. Así, cada nuevo piso conquistado por los SWAT en ese edificio infestado de asesinos sería como un nivel pasado con éxito, y subiendo niveles –y pisos- se llegaría al final del juego, esto es, el piso superior del bloque donde se esconde el jefe de los criminales al que hay que matar para ganar la partida. Gareth Evans no se complica la vida teniendo entre manos semejante material, así que ni debió de plantar ningún trípode ni seguramente hizo correr la cámara por ningún travelling. Todo está mostrado cámara en mano, subrayando si cabe aún más la condición actioner del producto. Evans actúa, más que como director de cine, como director de orquesta: no se trata aquí tanto de configurar encuadres, o de idear semánticas, ni mucho menos se trata de dirigir a actores, sino que se trata más bien de disponer armónicamente unos elementos dados, que serían los instrumentos de su particular orquesta (pasillos, policías, asesinos, rellanos de escalera, habitaciones, paredes, armas de fuego, armas blancas), para que interactúen y den como resultado una sinfonía desorbitada de violencia. Una de las mejores set pieces de la película (y hay unas cuantas), la del furioso ataque con fusiles desde el piso superior a un grupo de los SWAT que no tiene ningún sitio donde esconderse, bastaría como (brillante) ejemplo de este trabajo de director de orquesta.

La apuesta por la acción de Evans es frontal y no engaña a nadie. El desparpajo y el salvajismo de la propuesta son totales. La fisicidad de las peleas y de los combates es galopante. Las muertes son gráficas, los puñetazos duelen, nada parece fingido. Aquí no hay lugar para las típicas muertes blandas en las que los actores caen al suelo abatidos por los impactos de bala, aquí cuando un personaje muere, no nos cabe la menor duda de que está muy pero que muy muerto. Un ejemplo: a uno de los malos se le fusila la cara furiosamente con una pistola colocada a escasos centímetros de la sien. La violencia, combinada con las acrobáticas artes marciales desplegadas por el protagonista, Iko Uwais, se fusionan en una dantesca orgía de muerte y confusión con momentos que entran a saco en un espacio de delirio: cara a cara con uno de sus adversarios, los dos de pie, Uwais le agarra de la cabeza y, en una acrobacia digna del Cirque du Soleil, salta de espaldas y vuela casi literalmente lanzándose al suelo en plancha, con lo que se lleva también a su enemigo al suelo y le hunde el cuello en los restos astillados de una puerta previamente destrozada.

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Hay algunas escenas realmente impresionantes en esta película.

La crudeza constante de las imágenes ahoga al espectador en un sin sentido que, imagino, era el propósito inicial de la película. Llegados a la media hora de proyección, sin ninguna perspectiva para la audiencia más allá de asistir a una escalada de brutalidad sin límite aparente, el efecto sobre el intelecto es demoledor: o se toma la decisión consciente de no entrar en el juego, con lo que el aburrimiento está garantizado, o se deja uno arrastrar por este tornado imposible, tan pero tan hipnótico y pasado de vueltas que, con su mera existencia, corre el riesgo de anular por completo cualquier cosa que el género del actioner pueda decir a partir de ahora. Para entendernos, un poco más o menos lo mismo que pasó en 1992 cuando Peter Jackson, con Braindead, Tu Madre Se Ha Comido A Mi Perro (Braindead), certificó, supongo que involuntariamente, la muerte del género gore por implosión, es decir, por una acumulación masiva tan atroz que parecía imposible de igualar o de superar, como 20 años después es fácil comprobar que así ha sido.

Esta libertad absoluta a la hora de mostrar la violencia hace impensable que el remake hollywoodiense que ya está en marcha pueda aspirar ni tan solo a parecerse un poco. Mientras en Occidente, y sobre todo en Estados Unidos, la violencia está auto-gestionada para o bien no molestar demasiado al espectador (caso de Europa), o bien no molestar demasiado a la MPAA que califica las películas (caso de EE.UU.), en Oriente tienen bastantes menos problemas y suelen transitar sin tapujos ni cortapisas por territorios en los que aquí normalmente no nos adentramos. Gareth Evans ha conseguido, quizás, lo que en Hollywood, con su moral y sus escrúpulos, jamás podrán lograr, la película de acción de-fi-ni-ti-va. No la mejor, claro, pero desde luego sí la más excesiva.

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Todo un catálogo de mamporros…

Notas:
[1]: The Raid: Redemption
no tiene aún fecha prevista de estreno en España ni tampoco ninguna distribución contratada. Sony Pictures Classics ha adquirido los derechos para Estados Unidos, y en países como Reino Unido, Francia o Australia también hay ya fechas de estreno aseguradas.[volver al texto]

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