TAN FUERTE, TAN CERCA

EL ARQUITECTO DE EMOCIONES Y EL 11 DE SEPTIEMBRE

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Tan Fuerte, Tan Cerca

TAN FUERTE, TAN CERCA
Título Original: Extremely Loud & Incredibly Close. Año: 2011. Nacionalidad: USA. Producción: Scott Rudin para Warner Bros. Pictures. Director: Stephen Daldry. Productor: Scott Rudin. Guión: Eric Roth, basado en una novela de Jonathan Safran Foer. Director de Fotografía: Chris Menges, en color Deluxe y en 35mm anamórfico. Ratio de Aspecto de Proyección: 2.35:1. Música: Alexandre Desplat. Montaje: Claire Simpson. Montaje Adicional: Jay Rabinowitz, A.C.E. Diseño de Producción: K. K. Barrett. Dirección Artística: Peter Rogness. Decorados: George DeTitta, Jr., SDSA. Vestuario: Ann Roth. Sonido: Skip Lievsay, Paul Urmson, Roberto Fernández, Gregg Landaker, Danny Michael, C.A.S., en Dolby Digital, Datasat Digital Sound, y SDDS Sony Dynamic Digital Sound. Recaudación en USA (19.03.12): 31.802.566$. Recaudación en España (18.03.12): 167.625€. Recaudación Mundial (19.03.12): 47.802.566$. Estreno en USA (limitado): domingo 25 de diciembre de 2011. Estreno en USA (nacional): viernes 20 de enero de 2012. Estreno en España: viernes 16 de marzo de 2012. Calificación por edades en USA: PG-13. Calificación por edades en España: No Recomendada a Menores de 7 Años. Distribución en USA: Warner Bros. Pictures. Distribución en España: Warner Bros. Entertainment España, S.L. Duración: 129 minutos. Reparto: Thomas Horn (Oskar Schell), Tom Hanks (Thomas Schell), Sandra Bullock (Linda Schell), Max von Sydow (El inquilino), Zoe Caldwell (Abuela de Oskar), Viola Davis (Abby Black), Jeffrey Wright (William Black), John Goodman (Stan, el portero), Hazelle Goodman (Hazelle Black), Stephen McKinley Henderson (Walt, el cerrajero).

Calificación: ★★★

Stephen Daldry (1961, Dorset, Reino Unido) tiene sólo cuatro largometrajes en su currículum, y sin embargo su breve filmografía ya permitiría, con todas las cautelas necesarias, hablar de un estilo más o menos reconocible. O por lo menos de unas constantes que encerrarían algo parecido a un discurso personal que habrá que ver con los años si acaba por tomar forma o no. El gusto por los pequeños detalles cotidianos, por ejemplo, articula a menudo las decisiones artísticas de Daldry. Tampoco es raro encontrarnos en sus películas conversaciones en apariencia intrascendentes que revelan, sin embargo, información vital acerca de la psicología de los personajes. Y, si exceptuamos quizás su opera prima, Billy Elliot (Billy Elliot, 2000), también es posible aventurar un gusto por las narraciones intrincadas, espesas en su dramatismo, historias en las que las emociones recorren el fondo pero también definen la forma y acaban convirtiéndose en motor narrativo.

Para este arquitecto de las emociones, una aproximación a la tragedia del 11-S no podía efectuarse, por decirlo de alguna manera, a las bravas, como hicieron hace seis años cineastas como Oliver Stone o Paul Greengrass con, respectivamente, World Trade Center (World Trade Center, 2006) y United 93 (United 93, 2006). El cine de Daldry no funciona así, no es tan directo, sino que más bien se apoya en discursos tangenciales para acabar hablando de algo sin realmente hablar de ello. En el ya citado debut del director, la emocionante historia del niño que quiere ser bailarín sirve, entre otras cosas, para disimular una feroz crítica al acoso de la clase trabajadora inglesa que Margaret Thatcher llevó a cabo en los años 80 con políticas drásticas de desindustrialización. En El Lector (The Reader, 2008), la más endeble de las cuatro películas de Daldry, un amour fou sirve para contextualizar la consabida visión humanista de la Segunda Guerra Mundial en la que integrantes de los dos bandos (aliados y las potencias del Eje) dejan de ser antagonistas para devenir seres humanos antes que representantes de sus respectivos ejércitos. Tan Fuerte, Tan Cerca (Extremely Loud & Incredibly Close, 2011), sería, pues, algo así como la aproximación daldryana a los sucesos del 11-S, una aproximación en la que conviene destacar eso, el término “aproximación”, puesto que en ningún caso podríamos hablar de una “película de” los atentados del 11 de septiembre de 2001.

EXTREMELY LOUD & INCREDIBLY CLOSE

Un Goonie moderno.

La excusa, el truco para desviar nuestra atención, nos devuelve en cierto modo a Billy Elliot, la película más fresca de Daldry y aún hoy la mejor de todas. Si allí la lucha personal del protagonista por cumplir su deseo de bailar trazaba en realidad su paso de la infancia a la adolescencia, ahora ese tránsito, un pelo más brusco, viene marcado por los atentados de Nueva York. Oskar Schell (francamente impresionante el debut en el cine del niño Thomas Horn) tiene nueve años cuando pierde a su padre (Tom Hanks), con el que tenía una relación cercana y entrañable, en dichos atentados. Su vida, como las Torres Gemelas, se desmorona, y su existencia, como la del mundo entero, queda irremediablemente marcada a fuego por ese día. Un año después, con una difícil relación con su madre (Sandra Bullock demostrando nuevamente que, cuando se mete en buenas historias y la dirige alguien con entidad, puede resultar convincente), encuentra entre las pertenencias de su difunto padre una misteriosa llave dentro de un jarrón azul. Aturdido aún por la pérdida, buscando respuestas a una sinrazón de la misma manera que el mundo las buscaba entonces, emprende una desesperada huida hacia delante embarcándose en la búsqueda de la cerradura que la llave seguro que abre, con la esperanza de poder encontrar algún mensaje póstumo de su padre.

EXTREMELY LOUD & INCREDIBLY CLOSE

Tom Hanks sale poco… pero su presencia marca toda la película.

Lo que en realidad nos cuenta Tan Fuerte, Tan Cerca, esa pérdida de la inocencia de Oskar, camina en paralelo de la mano de la pérdida de la inocencia que supuso para todo el planeta el 11-S, de manera que puede leerse como el viaje iniciático del niño o como una metáfora. La visión que Daldry nos ofrece de ese momento tan crucial, en el que nos resistimos a dejar atrás la infancia y a pasar a la siguiente etapa, vuelve a ser, igual que lo era en Billy Elliot, dolorosa. No estamos, pues, ante una idealización de lo que supone ser un niño y tener que dejar de serlo, como de manera muy sutil (y a mi modo de ver, brillante) nos proponía buena parte del cine que Steven Spielberg produjo y dirigió en la década de los años 80. Oskar es un ser atormentado que no puede canalizar su rabia y su frustración con nadie, así que cuando se encuentra al primer extraño que le escucha realmente, un anciano que paradójicamente no habla por voluntad propia de no hacerlo, le vomita toda esa incomprensión en un speech atropellado y deslavazado. No en vano, en uno de los momentos más sublimes de la película, Oskar le pregunta al anciano, convertido ya en acompañante/guía del niño, si cree que encontrarán la dichosa cerradura, y le pide que sea sincero, a lo que el hombre responde levantando la mano en la que tiene grabada la palabra “NO”. Momento de brutalidad emocional que subraya lo doloroso de ser un niño y tener que dejar de serlo.

EXTREMELY LOUD & INCREDIBLY CLOSE

La mirada materna es importantísima en la película.

Su búsqueda de la cerradura tiene más de búsqueda desesperanzada de una respuesta al gran interrogante que plantea el 11-S (¡¿por qué?!) que de intento de acercamiento a la figura paterna. Oskar quiere encontrar su lugar en este nuevo mundo, y aunque la pulsión inicial que le mueve en su búsqueda imposible sea la de su padre, en realidad lo que el niño persigue es definir su propia identidad. Por eso acepta la ayuda del anciano aún sospechando que ese hombre mayor seguramente es su abuelo paterno, porque, de alguna manera, Oskar se siente cómodo con esa figura y cree que, como hizo su padre en vida moldeando su carácter, su abuelo puede ahora ayudarle a encontrar respuestas. Y ese inesperado final infructuoso que tiene el MacGuffin de la película, la búsqueda de la cerradura, vendría a definir con meridiana claridad la solvencia de la propuesta de Daldry: si esto fuera Los Goonies (The Goonies, 1985, Richard Donner), esa búsqueda acabaría con una misteriosa caja siendo abierta por la llave que Oskar lleva colgada del cuello durante casi todo el metraje.

Mucho se está hablando estos días de la carga de sensiblería fácil que, a juicio de muchos, arroja esta película. Está claro que sobra algo de azúcar en el tramo final, y no era necesario, en ese sentido, ni el plano en el que los separados vuelven a estar juntos ni tampoco seguramente el último, el del columpio, que parece bastante forzado. Sin embargo, acierta plenamente en otros aspectos que la hacen merecedora de mucho más respeto del que está obteniendo: la resolución final de la búsqueda de Oskar y el hecho de que el anciano no decida finalmente hablar son dos mazazos a las expectativas de las audiencias mal acostumbradas a resoluciones complacientes, bastante en la línea del desenlace de otra película reciente, Infierno Blanco (The Grey, Joe Carnahan, 2011), que ha exasperado a buena parte del consumidor patrio de multicines. Es en esos aciertos, y especialmente en todo su desarrollo dramático, donde Tan Fuerte, Tan Cerca se crece y se convierte en la excelente película que es.

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