THE CABIN IN THE WOODS

Poster de la película

poster de la película

LA SOFISTICACIÓN DE LA POSTMODERNIDAD

Vivimos en un mundo loco y caótico donde el cine, como una de las manifestaciones culturales más importantes, no escapa a este desorden en lo humano y en lo espiritual y sobrevive sometido a los bandazos que le llegan de todos los frentes (económicos, sociales, incluso de otras formas de cultura como los videojuegos). Se hace difícil, si no directamente imposible, hablar de géneros o de tendencias artísticas dentro de las principales corrientes del cine a nivel mundial. La hibridación de géneros y el postmodernismo diluyen en no poca medida cualquier esfuerzo compartimentador, y aunque existen -evidentemente- películas de género puro y duro, las actuales reglas impuestas por la industria (artísticas a veces, industriales casi siempre, cuando no de otra índole más oscura como la autocensura o el servilismo ideológico) obligan a mirarse el cine actual con mucha cautela y evitando, como cronista cinematográfico, tentaciones de definir los productos partiendo de su adscripción a un género.

Todo esto viene a cuento de que The Cabin In The Woods podría devenir el (pen)último episodio de este cruce de géneros y de tendencias culturales en el que está hundida buena parte de la producción mundial cinematográfica. Si entendemos la postmodernidad como un movimiento “interesado en la contradicción, la fragmentación y la inestabilidad” [1], entonces The Cabin In The Woods se erige como paradigma del postmodernismo en el cine, al menos en el cine de terror. Porque lo que está claro es que la intención de los artífices de esta película es dinamitar desde dentro las convenciones del género para, precisamente, fragmentar el relato y llevarlo a un terreno inestable y contradictorio. Sin explicar demasiado, porque esta es de esas películas que cuanto menos se sepa mejor (¿acaso no sería esa la forma ideal de enfrentarse a cualquier película, sin saber absolutamente nada de ella previamente?), la cosa comienza exactamente igual que Posesión Infernal, y de hecho sigue paso a paso los primeros compases de aquella, excursión al sótano, lectura de párrafos en latín y despertar de zombies incluidos. Pero la postmodernidad, que es el aliento que definitivamente impulsa esta película, hace que lo que estamos viendo en realidad sea algo que ya no es lo que Sam Raimi nos contó en su escalofriante debut.

¿Qué miran estos chicos?

¿Qué miran estos chicos?

Y aquí es donde The Cabin In The Woods deja, contra todo pronóstico, de ser realmente interesante. Porque la película nos enseña sus cartas desde el minuto cero, es decir, estamos lejos de la gamberrada (¿postmodernista también?) que perpetraron Robert Rodríguez y Quentin Tarantino con Abierto Hasta El Amanecer, donde sí que la sorpresa se abría paso de manera abrupta, gore, a mitad de proyección, sin previo aviso, como si nos hubieran cambiado la película en la cabina, como si la película que habíamos visto durante los primeros 45 minutos hubiera sido devorada y regurgitada por la nueva película que nacía para durar el resto del metraje. Aquí hay salvas de aviso desde el inicio, no se nos explica muy bien de qué va todo el asunto (faltaría más, y he aquí otro –irritante- símbolo de la postmodernidad: el interrogante abierto, puesto tan de moda por los creadores de Perdidos), pero ya se nos advierte de que la excursión a la cabaña en el bosque del título no es simplemente una excursión. Un primer y garrafal error de diseño, puesto que ya se está desactivando el supuesto impacto de la película, o en otras palabras, se juega la baza de la sorpresa pero se avisa con antelación de que hay una sorpresa. No tiene mucho sentido guardarte un as en la manga y al mismo tiempo anunciar a todos que lo tienes, ¿no?

A medida que avanza la acción, y sobre todo a partir del momento en el que los zombies salen de debajo de la tierra, la película entra –supongo- en la contradicción que está buscando, esto es, el escenario es el típico de miles de películas de terror pero en realidad lo que está ocurriendo es único y no había sido contado antes (y hasta aquí puedo leer). Esta originalidad es la que hace que la película no resulte enteramente satisfactoria puesto que, al estar toda la acción sujeta al control de los “dioses” que lo manipulan todo (en serio, hasta aquí puedo leer), lo que en realidad se consigue, nuevamente, es desactivar el impacto de lo mostrado. Así pues, en la misma esencia de la originalidad de la propuesta yace su principal enemigo, y es que si el objetivo era descolocar, ciertamente esto se consigue… a costa de la credibilidad y la coherencia de la película.

Este sótano se parece al de cierta película de miedo...

Este sótano se parece al de cierta película de miedo…

De alguna manera, la acción adquiere una naturaleza artificial que evita que, como espectadores, nos involucremos demasiado con la suerte de los protagonistas. Este artificio, más o menos revelado al final de la película, tampoco acaba por resultar del todo plausible, y es que en otro signo de esta postmodernidad, que me parece que hace más mal que bien al cine actual, la complejidad y la ambición del planteamiento de base obliga a los responsables de The Cabin In The Woods a cerrar la proyección con un discurso-explicación (a cargo de una famosa estrella de cine de terror en un cameo la mar de divertido… y de forzado) extravagante, delirante y francamente absurdo. Una vez más, igual que en Perdidos, igual que en tantas otras apuestas que se erigen tan autoconscientes de su originalidad y de su ruptura canónica con las normas de los géneros que (mal)tratan, las conclusiones a tanta extravagancia no son naturales, no son satisfactorias, y se acaba en terrenos abonados a las multi-interpretaciones según los puntos de vista o los referentes culturales de cada espectador. Y es que una vez internados en la ruptura que implica la postmodernidad, ya no es de recibo una conclusión a la clásica usanza, y claro, entonces emergen los finales ambiguos, inconclusos, metafóricos… que en muchas ocasiones lo que esconden es simplemente la incapacidad de sus autores por acabar de manera igual de extravagante, acorde a lo mostrado hasta entonces. En muchas ocasiones, y me temo que estamos ante una de ellas, se quiere jugar a la postmodernidad sin saber realmente cómo se llega al final de ese camino.

Y no es que The Cabin In The Woods sea una mala película, al contrario, se deja ver casi todo el rato con interés, lo que no es poco en los tiempos que corren. Además de la explícita referencia/semi-remake de Posesión Infernal, rinde en una escena concreta un obvio homenaje a otro tótem del postmodernismo cinematográfico, la inolvidable Cube, lo que es siempre un detalle. Sus referencias van incluso más allá y nos llevan incluso hasta un clásico blockbuster de los años 80 en la memorable secuencia de la liberación de los fantasmas, que podría definirse como el reverso tenebroso y sangriento del mismo momento en Los Cazafantasmas (y quizás ahora he leído más de lo debiera). También tiene un hálito borgesiano toda la situación, el contraste entre los dos principales escenarios en los que transcurre la película, bañado en un surrealismo que quizás no hubiera desagradado al genial escritor argentino. Tiene además algo poco frecuente en este tipo de productos: unas interpretaciones más que dignas, y no me refiero a las obvias de Richard Jenkins o Bradley Whitford, espectaculares como los peculiares demiurgos de este relato, sino que también incluyo las de los cinco chicos protagonistas, todos ellos razonables y creíbles. Con todo esto quiero decir que, precisamente, la película no es mala, y si se compara en el panorama del cine de género actual deviene una indudable propuesta de interés. Pero el problema de The Cabin In The Woods es esta sofisticación en el dispositivo narrativo que consigue, y no creo que fuera esta la intención, dejar de empatizar con la película y sus protagonistas. Quizás para entender mejor lo que digo no estaría nada mal revisar Tucker & Dale vs. Evil, otra reciente propuesta con claras intenciones revisionistas respecto al subgénero de “pandilla de chicos de ciudad que mueren uno a uno en el bosque”. Sin necesidad de complicarse la vida con extravagantes soluciones dramáticas, en aquella ocasión sí que se dinamitaban las convenciones del sub-género pero sin llevarlo a un extremo que fuera inaceptable para el espectador, es decir, entre broma y broma se subvertían los cánones tal y como era la intención, pero al mismo tiempo estaban ahí para ser mostrados y juzgados por la audiencia, que es la que en última instancia decidía si aquello era una chorrada o si era una revisión inteligente de un sub-género que ya ha dicho todo lo que tenía que decir. The Cabin In The Woods no deja margen para el juicio, en la misma película va implícito, con lo que la única alternativa para el espectador es aceptarlo o no.

Calificación  ★ ★

El infierno se desata...

El infierno se desata…

The Cabin In The Woods, USA, 2011. Director: Drew Goddard. Guión: Joss Whedon & Drew Goddard. Fotografía: Peter Deming. Música: David Julyan. Montaje: Lisa Lassek. Diseño de Producción: Martin Whist. Duración: 95 minutos. Intérpretes: Kristen Connolly, Chris Hemsworth, Anna Hutchison, Frank Kranz, Jesse Williams, Richard Jenkins, Bradley Whitford.

Notas:
[1]: Susan Hopkins (Spring 1995). “Generation Pulp”. Youth Studies Australia 14 (3): 14–19.

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Una respuesta a “THE CABIN IN THE WOODS

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