SITGES 2012 DÍA 6: LOS GRANDES NOMBRES DECEPCIONAN

Ahora que ya está más cerca el final que el principio del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya Sitges 2012, la perspectiva comienza a permitir una visión de conjunto de la edición de este año, una visión parcial, por supuesto, pero en la que ya se vislumbra una decepción mayúscula causada por las grandes firmas que se supone tenían que convertir el certamen en uno de los mejores del año. A priori, un line-up en el que aparecen los apellidos de Carax, Lynch (hija), Cronenberg (padre e hijo), Coscarelli, Hark, o Zombie, por citar los que ya se han podido ver hasta ayer martes, daba para mucho, muchísimo más de lo que tenemos hasta el momento.

Como muestra, las dos decepciones de ayer martes por la mañana. La primera, la de Jennifer Lynch, que con su Chained intenta contar la misma historia de siempre de un asesino en serie aunque desde un punto de vista novedoso: cuando asesina a una mujer que iba con su hijo en su taxi, decide secuestrar al niño y “educarle” según sus valores más bien psicópatas. Un planteamiento interesante malogrado por un guión que no escapa de la previsibilidad y que no cae en el aburrimiento pero por poco. Una vez establecido el original punto de partida, Lynch es incapaz de salirse de unas pautas más o menos pre-establecidas, nos conocemos de memoria los arranques de violencia del serial killer y más o menos podemos suponer los caminos que seguirá ese proceso de educación. La película, pues, avanza sin sobresaltos hasta sus últimos cinco minutos, donde a Chained le entra la urgencia de resolver con una sorpresa final y se saca de la manga un giro copernicano de 180º que no desvelaré para no aguar ninguna fiesta pero que me parece forzadísimo e increíble. Esta manía de acabar con un giro argumental empieza a parecerme una moda peregrina estúpida más que una decisión artística justificable, y en este caso concreto, como en la reciente Salvajes, de Oliver Stone, creo que no existe manera de encajar el giro con el resto de la película.


La otra decepción es la de David Cronenberg, que aburre hasta a las ovejas con su pretenciosa y pedante Cosmopolis. Este caso, sin embargo, es diferente al de Lynch, ya que si bien se esperaba mucho de la directora de un thriller tan intenso y sólido como Surveillance, Cronenberg hace años que está a la deriva, abandonada ya definitivamente su primera y notable etapa (excepto por mediocres regresos puntuales como ExistenZ o Spider) y consumido por su aura de autor de prestigio que le ha llevado a responsabilizarse de auténticos mamotretos. La aproximación a Cosmopolis es imposible de sostener, y decepciona que alguien con las tablas de Cronenberg no se haya dado cuenta de que literatura y cine tienen códigos diferentes. El verdadero problema de esta película es que parece un libro filmado, los personajes recitan diálogos brutalmente imposibles que suponen una distancia insalvable con el espectador, y lo que en un libro es aceptable (la historia no avanza hacia ninguna parte) en cine es un error de bulto que provoca hastío. La narración no existe, estamos ante un conjunto de reflexiones acerca del capitalismo y de la crisis económica que mantiene Eric Packer, interpretado con inesperada eficacia por Robert Pattinson, con diversos personajes que se van introduciendo en su limusina, desde trabajadores de su empresa hasta amantes diversas. Finalmente, Eric acaba en el domicilio de un ex–empleado que quiere asesinarle, y allí tiene lugar un diálogo interminable en el que se redunda sobre sobre las ideas que ya se han apuntado a lo largo de toda la película. Cosmopolis es otro episodio de la caída libre de Cronenberg, que desde Crash (y de eso hace ya 16 años) no nos sirve ninguna película decente.


Por la tarde la cosa mejoró con Juego De Niños (Come Out And Play), remake del clásico de Chicho Ibáñez Serrador ¿Quién Puede Matar A un Niño? La película está dirigida por un enigmático director que firma con el pseudónimo de Makinov y que no se deja fotografiar ni ver en eventos públicos, además de añadir este pseudónimo delante del título, tal y como hace John Carpenter. Además se prescinde totalmente de títulos de crédito finales, tan sólo se inserta un rótulo que ocupa todo el scope de la pantalla y que reza “made by Makinov” y se funde a negro. Enigmático y un pelín egocéntrico este tal Makinov, pero por lo menos ha respetado el clima asfixiante del clásico de Chicho y se ha ceñido sin aspavientos de ningún tipo a la premisa original que se contaba: la odisea de una pareja de americanos en una isla mexicana donde al poco de llegar descubren que todos los adultos han sido asesinados a manos de los niños. La contradicción que supone ver a unos niños -la inocencia, la pureza- apuñalar salvajemente a un adulto, es explotada por esta película que, sin conseguir nada espectacular, sí que se ve con la incomodidad inevitable que supone ver esta clase de actos sangrientos cometidos por niños.


La sección oficial a concurso aún nos depararía un último bodrio, Berberian Sound Studio. Yo ignoro quién le escribe los guiones de las presentaciones a Gemma Ruiz, pero definir esta película como “la mejor del película británica del año” es de una osadía tremenda, habida cuenta de que la película empieza explicando cómo un técnico de sonido llega a un estudio italiano para supervisar las mezclas de una película de terror… y se tira así el resto de metraje. Es decir, que no cuenta nada más, y uno se pasa los 92 minutos de duración esperando a que pase algo, a que algo extraño o anormal irrumpa en la narración. Pero no. Hay un productor estúpido que maltrata a sus empleados, un director ególatra y misterioso, y en el medio está este técnico de sonido intentando sobrevivir al doblaje de sonido que está supervisando. Hacia el final entra el juego su paranoia, pero lo hace de manera tan tangencial y puntual que ni siquiera altera el curso de la narración. Y al final…nada. Lamentable y aburrida a partes iguales.


Por lo menos el día terminó con un divertimento digno de mención, The Pact, cinta estadounidense de esas de sustos y mal rollito de las que el festival debería preocuparse mucho más –y programar en prime time– en detrimento de sonoras memeces como las arriba mencionadas Berberian Sound Studio o Cosmopolis. Es precisamente este tipo de películas las que provocan una intensa comunión entre el público, cada susto y cada grito es saludado con risas nerviosas y aplausos, todos estamos conectados a la misma experiencia, todos lo estamos pasando mal. No es que The Pact sea el colmo de la originalidad, pero es la típica película para ser disfrutada en una sala de cine (¿alguna no lo es?) junto a otras personas. Un apartamento donde hay presencias maléficas, desapariciones, y un giro en los acontecimientos que, este sí, supone un soplo de aire fresco para este género de las casas encantadas puesto que combina lo sobrenatural con lo perfectamente plausible y racional. Una película que se sufre y, por consiguiente, se disfruta.

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